En el diario vivir ocurren todo tipo de experiencias tanto positivas como negativas, situaciones que son comunes en la vida de toda persona en nuestra sociedad. Existirán períodos donde, quizás, nos sintamos más tristes, frustrados o enojados por un par de días, hecho que puede estar totalmente justificable. Sin embargo, hay una gran diferencia a estar triste por un par de días a estarlo por meses; como también, existen diferentes intensidades en nuestras emociones (una tristeza superficial por algo simple no se compara a una tristeza profunda que te roba las ganas de vivir). Ante este escenario, como profesional, te puedo afirmar que se requiere de un apoyo en salud mental cuando una emoción o sentimiento negativo reduce tu calidad de vida de manera intensa y constante en el tiempo: si te sientes mal, desesperanzado, aterrado, ansioso, frustrado, enojado, etc.; a tal punto que no puedes disfrutar de tu diario vivir, no puedes realizar tus actividades con normalidad y, no menos importante, has intentado mejorar tu situación y no sabes cómo.
He probado de todo y nada sirve
La experiencia de sentirse abrumado/a por emociones negativas es desesperanzadora y agotante. Muchas veces, las personas a nuestro alrededor, con buenas intenciones, intentan animarnos y minimizan el cómo nos sentimos: para ellos la solución parece fácil, sin embargo, no parecen darse el tiempo para, realmente, comprender qué nos pasa, haciéndonos sentir aún más solos y desesperados. A veces sólo queremos alguien que nos escuche y no que nos digan qué hacer. Te daré más detalles de esto en el párrafo siguiente.
Si has intentado todas las soluciones imaginables para tu problema; si has buscado el apoyo de los demás (o quizás no puedes) y no ha resultado para recuperar tu bienestar mental, entonces te aconsejo que es tiempo de buscar la ayuda de un profesional de la salud mental: una persona capacitada para que, juntos, resuelvan las temáticas que te afectan. Se trata de un camino desafiante y que requerirá esfuerzo, no obstante, los resultados serán esenciales para recuperar tu bienestar y paz mental.
Un psicólogo es un experto en salud mental
Un profesional psicólogo ha aprendido técnicas de terapia para trabajar los síntomas de malestar mental de las personas; lo hace desde una mirada empática e imparcial: es una persona que entiende que la experiencia de las personas es diferente según cada contexto e intentará darte una opinión objetiva de tus problemas y de las posibles soluciones que se podrían conseguir al realizar la terapia. Por otro lado, es importante reconocer que un psicólogo posee orientaciones éticas, vale decir, sigue un conjunto de reglas para asegurar que recibas el mejor tratamiento disponible: uno que sea respetuoso, confidencial y vele por tu bienestar. Lo que le digas a un psicólogo, por regla profesional, no puede ser compartido con terceros a menos que tú se lo pidas (siendo la única excepción cuando éste da cuenta que peligra tu vida y/o la de terceros, debiendo informar a las autoridades pertinentes en ese caso). Finalmente y, no menos importante, un psicólogo no juzga a sus consultantes: entiende que todos hemos pasado por cosas diferentes y, por esta razón, el profesional intentará ponerse en tus zapatos para comprender el problema que te afecta. El sufrimiento es parte de la experiencia natural de los seres humanos.
Múltiples estudios científicos comprueban la eficacia de la terapia para tratar los problemas mentales tales como la depresión, ansiedad, conflictos relacionales, problemas de pareja, separaciones, etc. Por ende, consultar con un profesional puede ser una buena idea para cuidar tu salud mental; es una potencial inversión para mejorar tu vida a nivel general y conseguir más felicidad en tu día a día.
Ser psicólogo es una vocación
Un tema no menor es que, muchas veces, un tratamiento psicológico suele acarrear gastos que no están disponibles para todos los bolsillos; da la impresión que, quizás, los profesionales buscan lucrar con la salud mental. Es innegable que todo trabajo requiere una retribución, especialmente los que ameritan una gran formación de por medio y que, además, juegan un rol importante en el bienestar de las personas; como sucede con un psicólogo. Algunas personas dan cuenta de este conflicto de interés y, por esta razón, no creen en la efectividad de la psicoterapia; situación que se agrava, aún más, cuando existen experiencias pasadas con psicólogos que no demostraron las mejores herramientas para tratarlos en momentos de vulnerabilidad. Sí, es cierto que hay una transacción de dinero detrás de todo trabajo; pero también es cierto es que suele haber, también, una vocación. Un psicólogo/a escoge realizar psicoterapia con un deseo de ayudar y empatizar con la experiencia humana; está dispuesto a formarse y dedicar tiempo-esfuerzo en desarrollar las mejores maneras de lograr ese objetivo. No obstante, lamentablemente, adquirir estos conocimientos y ejercerlos requiere de dinero; pues los profesionales también son personas que necesitan subsistir. Como psicólogo soy consciente de los antecedentes expuestos y me veo en la necesidad de referirme al tema y hacer un llamado a quienes buscan ayuda psicológica a no rendirse: sí, es cierto que tratarse mentalmente es una inversión monetaria en la mayoría de los casos y que, a veces, por malas experiencias, puede ser decepcionante; no obstante, puedo asegurar que existen profesionales que poseen altas competencias para apoyar a quienes sufren malestar mental y con varias herramientas para dicho trabajo que podrían cambiar tu vida. Si te atiendes con un psicólogo/a y no resulta, pues está bien, a veces las cosas no salen como esperamos, sin embargo, te animo a que busques otro profesional que se ajuste a tus necesidades; podría ser que, en el próximo, encuentres el tratamiento que tanto necesitas.
