¿Por qué necesita terapia un/a adolescente?
La adolescencia es una etapa compleja en el desarrollo de los seres humanos; se trata de un período donde dejamos de ser niños y estamos en transición hacia la adultez. Es un período donde se busca un sentido de identidad y de pertinencia a un grupo. El adolescente busca diferenciarse del mundo y de sus padres: se pregunta por su futuro, por el significado de la vida, conoce nuevas experiencias y aprende a ser más autónomo. Son varias las dificultades que un adolescente debe enfrentar y es común que, en medio de ese proceso, aparezcan síntomas depresivos, ansiosos, conflictos intrafamiliares, problemas de ira y un largo etc. Por suerte, existen varios métodos y herramientas para ayudar a los adolescentes y sus familias para superar dichas barreras; con el fin de conseguir armonía y paz mental. La psicología y sus diversas escuelas se han encargo de estudiar estas situaciones. En la consulta Mente & Cambio, utilizaremos técnicas apoyadas por la psicología cognitiva-conductual, te recomiendo hacer clic aquí para saber más detalles de mi método de trabajo en general.
¿Cómo trabaja el psicólogo la terapia con adolescentes?
Para comenzar a trabajar con un/a adolescente, soy enfático en escuchar las opiniones de todas las partes involucradas. Para comenzar a trabajar, divido las sesiones de la siguiente manera:
Primera sesión (con adulto presente): Sera un espacio para conocer a la familia y cuál es la visión de cada uno del problema. Se entregará orientación del funcionamiento de la terapia, los lineamientos éticos y se discutirán las metas del tratamiento (las cuales podrían variar entre el adolescente y los padres). El psicólogo trabajará el objetivo que tenga el propio adolescente; si los padres desean otra meta en el tratamiento, esta puede ser trabajada con los adultos directamente en otros espacios (Ej: mejorar la disciplina, notas, etc.).
Sesiones posteriores: Serán individuales tanto con padres como el adolescente (según las metas de tratamiento de cada uno) hasta conseguir los objetivos planteados. Podrían ocurrir nuevas sesiones en conjunto, dependiendo de cada caso y si las metas entre las partes coinciden. El psicólogo se compromete a informar a los padres en caso de cualquier peligro que detecte en su hijo/a; o, bien, de alguna necesidad o intervención en beneficio del mismo (Ej: sugerir alguna evaluación neurológica).
Los adolescentes son personas con opiniones y motivaciones
Como psicólogo, te confesaré algo que, quizás, puede ser doloroso de admitir: una de las razones principales por las cuales un adolescente suele tener problemas, es por una dinámica familiar compleja. Muchas veces, los adultos fallamos en escuchar la opinión de los hijos, pues aún los tratamos como niños y no les permitimos desarrollar su autonomía-responsabilidad (acorde a su edad, por supuesto). En relación a lo mismo, también solemos fallar en explicarle los límites o ponerles reglas de una manera asertiva y respetuosa; generándose un círculo vicioso donde el adolescente se torna rebelde, sintiéndose incomprendido e irritable.
Si los adultos/padres cambian, los hijos también lo harán
Los padres/adultos y los hijos son un sistema ínter-dependiente. Si una parte del sistema cambia, la otra está obligada a hacerlo. Si cambias la forma en que te comunicas y conectas con tu hijo/a, éste también tendrá que cambiar su actitud/conducta y es muy probable que logre entender tu punto de vista. Esto es esperanzador, pues, muchas veces, los adolescentes no suelen ver los problemas de la misma manera que los adultos e, incluso, podrían negar que existe un problema de partida. Finalmente y, en concordancia a lo dicho, también destaca que es importante que los adultos se unan para establecer un estilo de comunicación y reglas fijas hacia sus hijos (de hecho, me atrevería a decir que poner reglas es una forma de amor, pues buscamos protegerlos-enseñarles algo). Con todos estos esfuerzos reunidos, las cosas pueden mejorar rápidamente.
Los adultos tienen poder
Por más rebelde que sea un hijo/a; es innegable que los adultos tienen un tremendo poder y autoridad sobre los mismos; las cuales deben ejercerse con responsabilidad. Un hijo depende de sus padres; de manera tanto emocional como económica. Finalmente, aunque, a veces no lo parezca, la gran mayoría de los hijos quieren hacer sentir orgullosos a sus padres: cuando damos atención a las cosas positivas que demuestran, es muy probable que las repitan en el tiempo. Esto se conoce en psicología como el “refuerzo” de las conductas.
Padres e hijos aprenderán nuevas habilidades en terapia
Aunque el adolescente escoja trabajar en algo que, quizás, no coincida con lo que el adulto quiere, igualmente, se beneficiará de nuevas herramientas que podrá aplicar en todas las áreas de su vida. Por ejemplo, puede que los padres quieran que su hijo aprenda a manejar su ira, mientras que el último quiere, en realidad, aprender a no ponerse nervioso en las pruebas del colegio. Lo que aprenda para lidiar con sus pensamientos de ansiedad podría, perfectamente, servirle para resolver sus pensamientos de ira. Por otro lado, si los padres quieren reducir la ira del adolescente, como psicólogo, puedo mostrarles técnicas de comunicación y de poner límites para conseguir ese objetivo. Tanto hijos como padres sabrán qué trabajarán cada uno; si el hijo se niega a tratar su ira, se respeta su opinión y se le comenta que sí se trabajará eso con los padres; y que puede unirse a futuro, si lo desea. En terapia, no se obliga a nadie a hacer algo que no quiere hacer.
